¿En qué me afecta saber que el virus covid19 salió de un laboratorio o de una sopa de murciélago?

Si salió de una sopa de murciélago ha sido un hecho fortuito, una enfermedad de la que no se puede responsabilizar a ningún país, mi gobierno hace lo que mejor que puede por cuidarnos y debo esperar la vacuna. Si la teoría de la sopa de murciélago parece más veraz es solo porque ha sido más difundida por los medios de comunicación, pues hay científicos en ambas posturas. En cambio, si ha habido una conspiración entre China y la OMS para que el virus se disperse por el mundo -hecho que tienen por verdadero, al 14 de mayo del 2020, EEUU, Japón, Alemania, Australia y Francia, entre otros-, aunque no se haya probado que saliera de un laboratorio, las conclusiones y/o consecuencias lógicas y psicológica de la población cambian: Cuando se habla del gobierno chino se habla del Partido Comunista Chino que gobierna desde 1949 sin elecciones. Entonces ya se sospecha sobre todo lo que sea comunismo en todas sus variantes: La izquierda ecológica que considera al ser humano como una plaga del planeta, la izquierda progresista que cree que el lenguaje debe cambiar para favorecer el igualitarismo de ambos sexos y la inclusión de nuevas opciones sexuales, el apoyo del aborto y el comunismo de toda la vida que quiere quitarle a los ricos para darle a los pobres.

Si el Partido Comunista Chino tiene responsabilidad de que el covid19 esté matando y enfermando a la población, todo lo que me suene a comunista me va a sonar a enfermedad y no a salvación. Sobre la idea de una sociedad igualitaria, de que el estado puede administrar los bienes mejor que una empresa o un rico, ya se sabe en qué termina, se conoce la historia de China o Venezuela, se conoce que el estado es el mayor despilfarrador que existe, el burócrata y el corruptible por excelencia. Tocando solo los últimos hechos: Mientras que en el resto del mundo le devolvían a China sus tests rápidos porque no servían, Perú anunciaba orgulloso que habían comprado cientos de miles. En la gestión del ministro del interior Moran se compró el litro de lejía a 14 soles y lo cambiaron de puesto, y el gobierno defendió que salió por una decisión personal. El primer bono se repartió en base a una lista elaborada por el gobierno de Humala, llegando a gente que no lo necesitaba. Ejemplos de la mala gestión de recursos por parte de este y de cualquier gobierno sobran. Hay que ser demasiado iluso para creer que el gobierno tiene más de 80% de aprobación, la misma encuestadora admitió públicamente que fue una encuesta realizada a mil personas inscritas en su página, que además recibían regalos por participar. Mil personas no es una muestra representativa para la población de Perú y su metodología es absurda. Sin tomar en cuenta que el 70% de la población trabaja para el día a día y se le ha quitado todo medio de supervivencia, y que a la mayor parte del treinta por ciento restante se les está obligando a quebrar. No hay por dónde llegar a un 80% de aprobación.  El 23 de abril del 2020 el ministerio de salud aprueba el aborto en cualquier etapa del embarazo si la vida de la gestante está en riesgo por covid19, sin ninguna prueba científica de que el covid19 ponga en riesgo la vida de la madre. Y ya uno comienza a hilar y ver que el covid19 viene con una ideología bajo el brazo, que todas las organizaciones y partidos de izquierda apoyan o disculpan las medidas y traspiés del gobierno o le siguen el juego de una u otra manera: Porque es una situación extraordinaria, sin precedentes, porque la gente no hace caso, porque los problemas de este gobierno se arrastran desde hace cincuenta años, porque Fujimori o Alan lo harían peor, porque están dando bonos para resistir y no morir, porque estamos llegando al pico de contagios, porque los muertos se amontonan, porque los ríos están limpios y el cielo azul, etc.

Por eso es importante saber que Frente Amplio -el mismo partido del ministro de salud, que ha trabajado 8 años en la OMS, que ha sido ratificado pese a una gestión atroz- ha presentado el proyecto de ley para el impuesto a la riqueza. Aunque el congreso lo ha desestimado, la posición de este congreso es endeble, su fuerza de oposición al poder ejecutivo es minúscula y casi ni se aprecia, y dado que el gobierno tiene el apoyo de los medios de comunicación, no va a pasar mucho para que lo poco que queda del congreso sea considerado una traba para “ayudar” a la población. En lo que va de la cuarentena se concretó la venta de luz del sur a una empresa china, la SBS aprobó el ingreso del primer banco chino y el presidente siempre ha presentado una clara preferencia por la OMS y China. Un sociólogo, Saul Alinsky, consideraba 8 puntos de control importantes para establecer un gobierno comunista, en orden de importancia: 1) Control del cuidado de la salud de la población. 2) Aumentar la pobreza porque los pobres son más fáciles de controlar. 3)Aumentar la deuda porque así podrás aumentar los impuestos y la pobreza. 4) Controlar las armas para que la gente no se defienda del gobierno. 5) Controlar la comida, como viven y los ingresos. 6) Controlar la educación –Mis hijos van a un colegio nacional y es adoctrinamiento más que enseñanza. 7) Religión, remover la enseñanza de religión de los colegios estatales y del gobierno. 8) Dividir a la población en clase rica y pobre, para que así sea más fácil poner impuestos a los ricos con el apoyo de los pobres... Cualquier parecido con la realidad deja de ser pura coincidencia cuando se deja de creer que salió de una sopa de murciélago y se esparció por el mundo como cualquier otro virus.

Sospechosos

Después de tres años viviendo aquí, escucho conversar por primera vez a dos vecinos. Uno había formado parte de la liga juvenil de un equipo de fútbol hasta que se rompió la pierna. Sus hijos juegan alrededor mientras conversan. La cuarentena los tiene estresados. Regaló sus chimpunes, sus camisetas y todo lo que le hiciera recordar el sueño perdido. Es un hombre honesto, muy pocas personas muestran sus heridas en la primera conversación. Después de curarse se rompió el talón de Aquiles. Enciende su tercer cigarro. Comparten chismes vecinales y vigilan a los niños: La vecina ya lleva tres maridos en dos años, a ver si se casa de una vez. El vecino hace fiestas por cinco soles la entrada. El otro le comenta de un amigo que vivía por aquí. Lo conoce, no solo a él sino también a sus padres, sus tíos y sus abuelos. En una fiesta se pelearon entre familias porque un primo tropezó y le tiró la cerveza en la cara a un tipo con el que llevaban peleándose desde la infancia. Sin querer, por defenderse, apuntó mal un puñete y le rompió la dentadura a la abuela del otro bando que venía a pedir paz. El abuelo le rompió los huevos con el bastón a uno de sus hermanos. Nunca pudo tener hijos y se volvió maricón. Un broncón con inimaginables consecuencias en el universo del barrio. Me imagino contándoles alguna de mis batallitas: En un recital tuve que alzar la voz para que no me arrancharan el micrófono. De repente la conversación cambia de tono:

 - Es un clásico.
 - ¿Qué es un clásico?
 - Que no tengan hijos y se vuelvan maricones.
 - ¿Te parece gracioso? Tú eres amigo de ese huevón, ¿no?
 - ¿Amigo? Conocido, lo he visto una vez en cinco años.
 - Odio a ese huevón y a toda su familia, son unos malditos. Aléjate o te voy a matar.
 - ¡Mamá, mi papá quiere matar al vecino!
 - Nunca voy a estar tranquilo contigo aquí.
 - Hijito, ya vamos.
 - Un latito más.
 - Su primo le tiró un puñete a mi hermano y le reventó un ojo.
 - Ahora.
 - Mi tío le voló un pedazo de quijada a su mamá con un machete por apuntar mal.
 - ¿Y qué serie de Netflix estás viendo?
 - Me noquearon por la espalda… A uno le rompimos la cabeza de un rocón y le comimos el cerebro. Aunque creo que es una leyenda familiar, pero el tipo se quedó idiota de por vida.
 - Disculpa, me está llamando mi señora.

Sus mujeres los mensajean, ambas temen que se asocien para tomar cervezas mientras acaba la cuarentena. Hoy han muerto tres personas, según la prensa. Me pica la garganta, me siento débil y no quiero ni moverme de mi cuarto. Abrazo mi almohada en la cama y toso lento, muy lento y pateando la pared, presa de la incertidumbre, he visto gente hambrienta por las calles, no sé cuándo volveré a comer una salchipapa.

¿Sueñan los virus con moléculas perfectas?


Inauguramos el toque de queda, prohibido salir de 8pm a 5pm ni para sacar la basura. La prensa se preocupa de las preocupaciones nacionales que han impreso el día anterior, pone a nuestro servicio a todos sus sabuesos para escarbar en lo que nuestros sentimientos piden: Vamos por el camino correcto, el presidente nos guía en dirección a la menor cantidad de muertos. Los taxistas y los mototaxistas intentan trabajar, pero la policía los manda a sus casas: Malditos desadaptados, es una situación de emergencia nacional, están atentando contra la salud pública. El taxista responde: Hambre. En el supermercado se paseaba la modelo de la paranoia; forrada completamente en plástico, con bolso de cuero, aretes dorados y gafas de sol, se alteró porque un anciano rompió la barrera de los dos metros hacia ella: Señor, mantenga su distancia –le esputó a punto de sacar un arma. Llegando a su casa, se desenvolvió del plástico y lo puso en una bolsa para desinfectarlo. Corrió descalza al baño a lavarse las manos con jabón, tiró ese jabón a la basura y se volvió a lavar con otro. Lucía intacta y estéril en el espejo hasta que descubrió una carga absoluta de material viral: Un moco pegado a su cabello. Corrió por tijeras y material desechable, imaginando el lanzamiento espectacular que realizó aquel anciano. Sabía que un monstruo de ese tamaño no entraba en su nariz y no era suyo. Tropezó y se le metió en la boca, lo arrancó con los dientes y lo escupió, se enjuagó con listerine, le tiró alcohol y le prendió fuego. El moco mutó y se levantó en llamas para perseguirla: La atrapó y ella alcanzó su control remoto y encendió su televisor, enloquecida por las últimas noticias: No se puede sacar cita para ninguna especialidad que no sea emergencia, ni siquiera están atendiendo en el hospital del niño ni en ningún hospital público. Cuánta gente con enfermedades terribles, que fantasea con clínicas donde el doctor los mire sin asco, después de esperar tres o seis meses para una cita o la muerte, debe estar aguantando en sus casas o penando en el cementerio por otra cita. No sé qué tanto más puede colapsar un sistema de salud que lleva décadas colapsado, eso lo sabrán los expertos, los políticos, los que se saben las curvas, rectas y cruzadas epidemiológicas. Cada vez que recuerdo el buen trato que recibí en el sistema de seguridad social, la pulcritud, el cuidado y el tino con que se trata a los enfermos y sus heridas, me dan ganas de clavarme el pabellón nacional en el pecho, a media asta, tampoco hay que exagerar.

Encuentro fantástico de madrugada

Los dos pusimos las manos en el frasco de mayonesa al mismo tiempo. Era lo último que quedaba del frasco y un completo misterio cuando lo volverían llenar, lo más probable es que sería cuando la comida estuviera fría. Ninguno se amedrentaría por la mirada fiera del otro. Nuestras manos regordetas comenzaron a tirar ligeramente, ocultando nuestra verdadera fuerza. Habían pasado más de quince minutos en esa lucha ante la expectativa del resto de comenzales. Nadie se acercaba, temerosos de tener que contener más de doscientos cincuenta kilos de fibra generosamente envuelta en grasa. De no haber sido por ese viejo enclenque que me metío un escobazo en la nuca... Alcancé a verlo pintar su cuarto de pollo con ese elixir de los dioses, salió sujetando su pantalón con una mano y su plato con la otra mientras el viejo seguía metiéndome escobazos, pidiéndole que se apurara porque el gigante parecía recobrar el conocimiento. Me pareció escuchar que lo llamó "Sancho", aunque también pudo haberlo llamado "Chancho".

Entre nosotros navega el corazón

Una herida parece una cicatriz,
una perdiz que vuela de los labios
en un navío al fondo submarino.

Cicatrices que parecen heridas
dormidas en un cuerpo extraño
soñando salir a la superficie.

No sabemos lo que está sano
ni lo que está sangrando:
Navegamos entre ambos.

Un gordito va por su pedido

Se supone que debo caminar
para cuidar mi corazón
de las grasas y el colesterol;
aunque voy a una pollería
puedo decir que lo intento,
podría pedir a domicilio.

Doy una vuelta al parque
como abrir el apetito
y me detengo a ver cómo bailan
hiphop un grupo de chicos...
Comienzo a mover las nalgas,
estoy a punto de ir al centro

y me lesiono el tobiĺlo
al apoyar de golpe mi peso...
El gerente es mi amigo,
me da la carta y un buen sitio.
Pido mollejas con pollo frito.
Traen el pedido, pago y me retiro.

Camino sudando de regreso,
el dolor del tobillo sube a la rodilla
y se complica con las escaldaduras:
Tengo llagas que no encuentro,
hay sitios en mí a los que no llego.
Unos hipis flacuchentos ansían

mis vísceras a las parrilla
y la doble ración de papas fritas...
Acelero el paso y el peligro pasa.
Una vez en casa abro los envases
y me llevo una ingrata sorpresa:
Las mollejas mal cocidas

y la presa de pollo es de cerdo.
Pienso regresar y quejarme,
pero necesito alimentarme...
¡Por qué no revisé mi pedido!
¡Ay de mí sin las papas con ají!
Lleno el hueco que yo mismo abrí.

Desde que te perdí en el infierno

Escribí un cuento sin principio ni fin, me esforcé con las metáforas, las forcé más allá de sus límites hasta destruirlas, traté de impresionar con mi manejo del ritmo haciendo bailar a los lectores y nadie se puso de pie, puse tantas palabras sucias en la boca de cosas que nunca dijeron nada, personajes bizarros que brillaban por su inexistencia poblaron mis historias de cumbia. Soñé obnubilado, apesadumbrado, desmadejado, que en mi corazón había un escribidor, el ser más fabuloso del mundo. A pesar de estar enfermo, me sentí capaz de emitir un diagnóstico con mi ojo cínico, me sentí capaz de hablarte de tú a tú, de darnos un acercamiento y una confianza a medias, un lazo de amistad para que me mires y vuelvas. Tuve que elegir entre tú y mis ideas, preferí el cielo, la fama y la gloria; me equivoqué terriblemente... Por favor, inteligencia, vuelve.