Encuentro fantástico de madrugada

Los dos pusimos las manos en el frasco de mayonesa al mismo tiempo. Era lo último que quedaba del frasco y un completo misterio cuando lo volverían llenar, lo más probable es que sería cuando la comida estuviera fría. Ninguno se amedrentaría por la mirada fiera del otro. Nuestras manos regordetas comenzaron a tirar ligeramente, ocultando nuestra verdadera fuerza. Habían pasado más de quince minutos en esa lucha ante la expectativa del resto de comenzales. Nadie se acercaba, temerosos de tener que contener más de doscientos cincuenta kilos de fibra generosamente envuelta en grasa. De no haber sido por ese viejo enclenque que me metío un escobazo en la nuca... Alcancé a verlo pintar su cuarto de pollo con ese elixir de los dioses, salió sujetando su pantalón con una mano y su plato con la otra mientras el viejo seguía metiéndome escobazos, pidiéndole que se apurara porque el gigante parecía recobrar el conocimiento. Me pareció escuchar que lo llamó "Sancho", aunque también pudo haberlo llamado "Chancho".

Entre nosotros navega el corazón

Una herida parece una cicatriz,
una perdiz que vuela de los labios
en un navío al fondo submarino.

Cicatrices que parecen heridas
dormidas en un cuerpo extraño
soñando salir a la superficie.

No sabemos lo que está sano
ni lo que está sangrando:
Navegamos entre ambos.

Todos los ríos van al mar que es el pesar de los ahogados

Cuando despertó, el río todavía seguía agrietándose allí, vibrando con áridas palpitaciones: Lo que alguna vez estuvo abultado de carne ahora es un pellejo, lo que fue una piel tersa se convirtió en una apariencia carcomida con uñas invisibles. Así se forjó la primera arruga sobre una Barbie, una injusticia sobre los que no murieron siendo bellos, amándolo tendrán que perderlo, impotentes para conservarlo lo sentirán mil veces carcomido. Redimiendo a todos los feos que no lograron salir en ninguna portada, pues igual recibirán el inmerecido descanso y la aclamación de los gusanos.

Lo más lejos que se puede llegar



Cuando despertó hombro con hombro, en una silueta habitada por dos seres, tras haber elegido huir por todos los medios que le permitieron sus fuerzas, su sombra todavía seguía allí.

¿Cómo es el baño de tu centro de trabajo?


¿Limpio? ¿Hay papel o tienes que llevar tu papel? ¿Orinan fuera de la taza? ¿Hay cepillo para quitar los rastros del mojón? ¿Usas el cepillo? -Úsalo por favor- ¿Lo compartes con muchas personas? ¿Lo usas cómodamente o haces todo lo posible por aguantar hasta llegar a tu casa? ¿Te sientas sobre la tapa o pones papel? ¿O sueltas la caca en plan proyectil? ¿Hay una distancia prudente entre el baño y tu lugar de trabajo? ¿O te llegan los olores y el sonido de los pedos? ¿Siempre funciona adecuadamente? ¿A veces falta agua? ¿O solo tienes un silo? ¿Te obligan a ir a defecar a otro lado? ¿Hay ambientador? ¿Alguna vez lo has atorado? ¿Qué hiciste? ¿Pediste ayuda o te dio igual y lo dejaste así?

A la criolla

A la criolla

Durante varios días reinó el silencio, nadie en el edificio sabía dónde estaban ni querían saberlo, estaban hartos de la música a todo volumen y de sus peleas. Llegaron a su departamento de madrugada, susurrando y golpeando al niño para que no hiciera ruido. “No jodan”-se quejaba el niño con cada lapo. Tenían un colchón amarillo de orines, una tele de cuarenta pulgadas, un equipo de sonido de dos mil kilowatts, una olla, tres platos y dos cubiertos. Abandonaron todo menos la tele y su equipo de sonido. Era la típica familia criolla que se iba sin pagar el alquiler.

La poesía es...

190. Te pregunta por internet
si es verdad que eres psicólogo
y aprovechas para soltar la red.

191. Ha sufrido el maltrato 
de mujeres que le envían
fotos besándose con otros.

192. Mientras comes y ves videos
se desahoga en otra pestaña
ocupando tu memoria ram.

193. Le dices que lo supere,
que estabas bromeando,
que no eres psicólogo.

194. Y él sigue sin importarle,
te vas dormir, te compadeces
y dejas tu usuario conectado.

195. Después de varios años
se ha vuelto adicto al maltrato,
se ha convertido en maltratador.

La poesía es...

181. Un homenaje a las costureras
por una poeta que trabaja
como una bestia sus poemas.

182. Hila prosa con lana gruesa,
borda cicatrices en su piel
y le remuerde la madeja.

183. Su abuela fue costurera
y quedó viuda con cinco hijos,
ella tiene un gato y cinco libros.

184. Carga con ellos a todos lados,
les quita el polvo, los besa
e invita a que los quieran.

185. Gusta de ir al nervio, 
se va por el sexto libro,
no para ni para ir al baño.

186. Ha sido traducida, invitada,
antologada y ejerce de Licenciada
en un mundo de presentaciones.

187. Tiene un master, un PHD,
un FBI, dos UFC, tres WTF
y fue usuaria de napster.

188. Su performance de foragida:
Entra en trance en la mesa de honor
y pide más literatura y menos show.

189. Pertenece al movimiento
de los indignados, y pregunta
si se puede ir más allá.

La poesía es...

175. Cuando tu hijo hace rabieta,
le duele la garganta y la barriga,
y tienes que cambiarle el pañal.

176. Entre desbordes y disfuerzos
tratas de darle razones
para que se quede quieto.

177. Él grita que le duele,
que su poesía es caprichosa,
sin comas y con cebollas;

178. Se basa en una película de tortas
que se basa en un libro de queques
donde actúa David Bowie.

179. Fragmentos de cubismo,
excremento abstracto,
granos de arroz y fideos.

180. Y el daño ya está hecho:
Las sábanas, las manos y el pijama
salpicados con sus versos.

Un gordito va por su pedido

Se supone que debo caminar
para cuidar mi corazón
de las grasas y el colesterol;
aunque voy a una pollería
puedo decir que lo intento,
podría pedir a domicilio.

Doy una vuelta al parque
como abrir el apetito
y me detengo a ver cómo bailan
hiphop un grupo de chicos...
Comienzo a mover las nalgas,
estoy a punto de ir al centro

y me lesiono el tobiĺlo
al apoyar de golpe mi peso...
El gerente es mi amigo,
me da la carta y un buen sitio.
Pido mollejas con pollo frito.
Traen el pedido, pago y me retiro.

Camino sudando de regreso,
el dolor del tobillo sube a la rodilla
y se complica con las escaldaduras:
Tengo llagas que no encuentro,
hay sitios en mí a los que no llego.
Unos hipis flacuchentos ansían

mis vísceras a las parrilla
y la doble ración de papas fritas...
Acelero el paso y el peligro pasa.
Una vez en casa abro los envases
y me llevo una ingrata sorpresa:
Las mollejas mal cocidas

y la presa de pollo es de cerdo.
Pienso regresar y quejarme,
pero necesito alimentarme...
¡Por qué no revisé mi pedido!
¡Ay de mí sin las papas con ají!
Lleno el hueco que yo mismo abrí.